martes, 21 de febrero de 2012

DECLARACIÓN DE GUERRA (Valérie Donzelli)



F I C H A T É C N I C A
Título original: "La guerre est declarée"
Dirección: Valérie Donzelli
Guión: Valérie Donzelli y Jérémie Elkaïm
Fotografía: Sébastien Buchmann
Montaje: Pauline Gaillard
Producción: Edouard Weil
Intérpretes: Valérie Donzelli, Jérémie Elkaïm, César Dessix, Gabriel Elkaïm, Brigitte Sy, Elina Lowensohn, Michèle Moretti, Philippe Laudenbach, Bastien Bouillon.
Duración: 100 minutos.

S I N O P S I S
Romeo y Julieta, una joven pareja de enamorados, se convierten en padres de Adán, un niño al que a los dos años diagnostican un cáncer. El día que los padres reciben la terrible noticia de la enfermedad de su hijo, comienza también la guerra de Irak. Pronto se dan cuenta de que para ellos también ha comenzado una guerra, que la lucha será larga y que pondrá a prueba su relación, pero deciden afrontar lo que acaba de sobrevenirles con toda la fuerza de que son capaces.



C R Í T I C A S
Esto no es una crítica (Por Cova)
Cinta en la que se utilizó una cámara Canon de fotografía para las secuencias de hospital y muy recomendable. Si en algunos momentos lo que ven les chirría, piensen en lo difícil que es describir el “shock” que supone recibir una dolorosa noticia y sean comprensivos porque es casi imposible no “cagarla” en algunos momentos. Muy pocos.
- Romeo: “¿Por qué Adán ha tenido que caer enfermo?”
- Julieta: “Porque podemos superarlo”
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“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay hombres que luchan un año y son mejores, pero hay hombres que luchan toda la vida y esos son imprescindibles”.
Bertold Bretch
Me he acordado de la frase al ver esta película y quien vaya a verla, creo que entenderá por qué. Confieso que, al ver el argumento pensé: “¡Uf!” Porque hecha por americanos, podría caer en el melodrama de lágrima fácil, pero hecha por franceses podría caer en lo filósofo-metafísico-pedante-insoportable de la existencia humana, el destino y demás parientes. Afortunadamente es una historia cotidiana llena de amor, humor, lucha y optimismo. Puede que haya personas a quien no les guste esa parte de “frivolidad” al tratar temas tan serios y tan duros, pero déjenme que les diga que esa “frivolidad” ayuda, protege y nos hace fuertes ante la vida. Es un mecanismo de defensa eficaz y valiente. No todos pueden y no todos valen, pero ojalá que cada vez nos fijemos más y aprendamos de los ejemplos que tenemos tan cercanos.
Carlos: ¡¡Va por ti!!
ANIMOSOS FRENTE A LA ADVERSIDAD por Vladimir Eisenstein
“Declaración de guerra” nos narra la historia de una joven pareja a cuyo hijo de dos años diagnostican un tumor cerebral grave. Para más inri, quien nos narra esta historia es una pareja (directora, guionista y actriz protagonista ella, actor protagonista y guionista él) que vivieron una situación similar de vida o muerte con su hijo. Es pues una película autobiográfica. Y, sin embargo, pese a lo que uno pueda imaginarse, es una película que me atrevo a calificar de entusiasta. Hay momentos emotivos, claro está, pero nunca desgarradores. No hay drama ni tragedia, sino lucha y optimismo. El coraje y la capacidad de superación de los jóvenes padres es admirable. Yo diría que impropia de su edad, pues se recuperan de los momentos difíciles con una agilidad casi adolescente, apoyándose en su complicidad amorosa y una sólida convicción en sus propias fuerzas. Incluso hay sentido del humor y, asómbrense, todo esto es además creíble. Es evidente que los autores nos han querido ahorrar los momentos, meses de hastío o decaimiento que implican varios años de lucha contra el cáncer, aunque tampoco ocultan que de una experiencia así no se sale indemne, pero han preferido hacer un cuento moral. Se agradece que más que el habitual reclamo a la solidaridad hayan querido transmitir ánimo.
La película en sí también es entusiasta. Parece cine aficionado, no da sensación de esfuerzo, sino de alegría de rodar. Valérie Donzelli y Jérémie Elkaïm no se cortan, no tienen sentido del ridículo y se atreven a hacer cualquier cosa que se les ocurre, soluciones acertadas a veces y otras no tanto. Elegir Romeo y Julieta, como nombres de sus personajes protagonistas, ya es toda una declaración de intenciones de su impudor. Y no quiero ocultar que, tras la primera secuencia, estuve a punto de abandonar la sala. Me explico: asistimos a la escena en que se conocen nuestros protagonistas. Es un concierto en un garito. Se miran en la distancian, se gustan. Él está comiendo unos cacahuetes, le hace un guiño quedón a ella y le lanza uno, ella abre la boca y ¡canasta! Él lanza su puño hacia delante con el clásico gesto de triunfo deportivo. Ha nacido un amor de lo más poligonero. Difícil de superar incluso para una mala película española y no es parodia ni hay ironía, sino supuesto romanticismo, puedo jurarlo.
Se les perdona. Hay tanta naturalidad y desenfado en su narrativa que compensa, también compensan momentos verdaderamente originales y de gran frescura. No hay artificio ni fórmulas aprendidas, nos cuentan su historia como ellos quieren contarla, sin resabios, imitaciones ni complejos. No es muy habitual ni siquiera en directores debutantes, empachados por demasiados estudios cinematográficos. Gracias, Valeríe, gracias Jérémie.

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