jueves, 26 de abril de 2012

ALPS





F I C H A  T É C N I C A 
Título original: Alpeis
Dirección: Yorgos Lanthimos
Guión: Yorgos Lanthimos y Efthimis Filippou
Fotografía: Christos Voudouris
Montaje: Yorgos Mavropsaridis
Producción: Yorgos Lanthimos y Athina Rachel Tsangari
Intérpretes: Aris Servetalis, Johnny Vekris, Aggeliki Papoulia, Ariane Labed
Duración: 93 minutos

S I N O P S I S 
Una enfermera, un conductor de ambulancia, una gimnasta y su entrenador forman Alps, una compañía especializada en hacerse pasar por personas fallecidas. Una vez contratados por los propios familiares de los difuntos, los miembros de Alps, con su jefe, el conductor al que se conoce con el seudónimo de Mont Blanc, se encargan de representar las rutinas diarias de quienes han fallecido, para que a los suyos se les haga más llevadera la pérdida. Los suplantadores reciben unos altos honorarios a cambio de los cuales estudian hasta los más mínimos detalles de las vidas de las personas a las que suplen.


                                     C R Í T I C A


 “PROSTITUCIÓN DEL ALMA” por Vladimir Eisenstein.
En “Canino” Yorgos Lanthimos nos ofreció una inteligente revisión del mito de la caverna platónico. Ese film, pese a ser una alegoría, no carecía de intensidad dramática al incluir también un cruel retrato de las relaciones de dominación entre padres e hijos. Ahora con “Alps”, Lanthimos renuncia a planteamientos simbólicos para sumergirse a fondo sólo en las relaciones de dominación, en este caso encarnadas por un grupo formado por dos proxenetas y dos pupilas, pero cuidado no estamos hablando de comercio carnal. Si bien los dos hombres explotan como chulos el trabajo de las mujeres, éstas no venden su cuerpo -es más lo tienen prohibido-, sino su alma. Suplantan a difuntos, contratadas por sus familiares incapaces de soportar el vacío, la ausencia. No se les pide que interpreten, no son actrices, no se les exige el imposible de rencarnar a la persona perdida. Basta con que se disfracen y sigan unas rutinas de comportamiento, repitan frases características o gestos habituales. De nuevo Lanthimos nos muestra las relaciones humanas como más instrumentales y egoístas que psicológicas. Nos utilizamos unos a otros como si fuésemos objetos, pero aunque dependemos terriblemente de los demás, de esos objetos, lo importante es la posesión y la sensación de seguridad que nos transmite, más que una inconcebible comunicación. Desolador pesimismo.
 Los chulos, un conductor de ambulancia, que se autoproclama jefe, y un entrenador, tratan con crueldad y dureza a una enfermera y una gimnasta en una relación sado-masoquista que se aprovecha de la baja autoestima de ellas. Una se acabará plegando al juego, colonizada su mente, pero la otra intentará rebelarse, encontrar un punto de fuga imposible, trabajando por libre en las suplantaciones, buscando una hipotética o soñada nueva identidad. Pagará por ello. No hay libertad para el esclavo aunque consiga huir, el daño está hecho.

“Alps” es una película seca, dura, áspera para el espectador, poco gratificante. Contribuye a ello la peculiar dirección de actores de Yorgos Lanthimos nada naturalista, hierática. La emoción se transmite por la presencia o una gestualidad nada convencional. Consigue con ello un distanciamiento que evita la identificación y el desgarro, pero te deja indefenso ante los hechos, ante esos personajes que no son como tú, pero están tan desnudos como tú.
Puede que “Alps” no alcance los méritos de “Canino”. No es tan brillante e ingeniosa y se añoran aquellos toques de humor negro. Tampoco tiene su poder alegórico, pero profundiza en uno de los universos más personales e insustituibles del cine actual. Hay muchas películas y muy buenas, pero ninguna como las de este cineasta griego que sigue su propio y nada fácil camino. Esperemos que no se encierre demasiado con sus demonios personales y dirija su aguda mirada fuera de la caverna. Podría ser curioso. 
         

1 comentarios:

Cova dijo...

Hay que reconocer que le hecha un par de narices el director. No solo en lo que cuenta sino en como lo cuenta, con planos que harían estallar la cabeza a cualquier otro director. No se corta ni con un cristal. Aunque me quedo con Canino, desde luego es un director a tener en cuenta. Confiemos en que no le de por desparramar más de la cuenta

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