domingo, 20 de mayo de 2012

MARTHA MARCY MAY MARLENE (Sean Durkin)






F I C H A   T É C N I C A
Dirección y guión: Sean Durkin
Productores: Josh Mond, Antonio Campos, Chris Maybach y Patrick Cunningham
Fotografía: Jody Lee Lipes
Montaje: Zac Stuart-Pontier
Música: Saunder Jurriaans y Danny Bensi
Intérpretes: Elizabeth Olsen, John Hawkes, Sarah Paulson, Hugh Dancy, Christopher Abbott, Brady Corbet, María Dizzia, Julia Garner, Louisa Krause.
Duración: 1 hora 42 minutos

S I N O P S I S 
Martha se ha unido a una comunidad que vive en una granja en los bosques del estado de Nueva York. La joven no acaba de conseguir integrarse y rechaza los métodos violentos de Patrick, el líder. Huye y se refugia en la casa de su hermana Lucy que vive con Ted, su marido, pero le atormentan los recuerdos y choca con el estilo de vida de clase media-alta de éstos. Mientras asume su soledad, la paranoia resquebraja su existencia cuando comienza a sospechar que alguien vigila todos sus movimientos.


                                          C R Í T I C A 

“EL SUFRIMIENTO DE LA CRISÁLIDA” por Vladimir Eisenstein

No hay duda de que tenemos un yo, una identidad personal, por muy indefinible que sea y no sepamos muy bien dónde radica o cómo se forma, pero resulta más arriesgado afirmar la existencia, o al menos la consistencia, de una personalidad propia, ese conjunto de ideas, emociones y gustos, esa indefinida y engañosa construcción que el individualismo de consumo ha engordado hasta la enésima potencia de tal forma que cuando elegimos el mismo producto que otros millones de consumidores consideramos que ha sido una decisión soberana. Lo cierto es que personalidad poquita en un animal social y mimético como el humano que funciona en manada y que se caracteriza por una capacidad asombrosa para un mamífero de adaptación al medio. Como decía Groucho: “estos son mis principios, si no le gustan tengo otros”. Nuestra interpretación del entorno es pues, coyuntural, provisional y acomodaticia. Si no aceptamos esta nuestra condición mutable y gregaria, y lo contingente de nuestras ideas y emociones, es difícil entender el nazismo, cómo soportamos en definitiva el Estado, esa estafa, o fenómenos como los clubs de fútbol, las iglesias, los partidos políticos o las sectas que es el tema que aborda “Martha Marcy May Marlene”.

Debut cinematográfico de Sean Durkin, esta película es la película indie del año con su protagonista femenina de rigor y su temática marginal correspondiente, también con las dosis previsibles de calidad, rigor y veracidad, aunque es de señalar que el indie americano cada vez arriesga menos en su estética y su lenguaje y los nuevos realizadores no harían mal en fijarse en irreverentes veteranos como Waters o Solondz y aspirar a algo más que a un realismo de vuelo bajo cuasi documental.

Durkin nos describe el difícil tránsito de una muchacha que abandona una secta y sus dificultades de crisálida para mutar, cambiar de vida. Ha huido de una sociedad o familia alternativa demasiado salvaje para su ética, pero le cuesta volver a adaptarse a las convenciones de una normalidad que ya había rechazado antes. Solemos denominar “lavado de cerebro” a lo que en rigor no es más que inmersión cultural y considerar débiles o especialmente influenciables a las personas que se integran en una secta. No es muy exacto y baste recordar el célebre “síndrome de Estocolmo” que afecta a personas secuestradas, no voluntarias, adultas y en muchos casos con elevada formación e incluso con prejuicios contra las ideas de sus secuestradores. No, lo que cuenta es la adaptación a las nuevas circunstancias y sobre todo la necesidad de cambio de los que acuden en busca de otra sociedad o nuevo círculo.

La escritura de “Martha, Marcy…” es de una exquisita sensibilidad. Sean Durkin nos entrega un guión minucioso, construido a base de flashbacks con un manejo extraordinario y delicado del crescendo dramático. Su disección del ánimo de la protagonista es sutil y preciso. No hay tremendismo, caricaturas ni simplificaciones, aquí no hay satanismo, misticismo ni maniqueísmos, todo es sucio, torpe, real. Tampoco hay moraleja, salvo la lección de que jugar con la inconsistencia de nuestro frágil ser es cuando menos muy doloroso y que en esta secta que llamamos sociedad normal no hay salvación, pero tampoco en otras se encuentra, porque hay otros mundos, pero todos están en éste. 


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