jueves, 23 de abril de 2015

Ida (Pawel Pawlikowski) 2013

 Rafael S. Maroto




Título original: Ida (Sister of Mercy)
Año: 2013
Duración: 80 min.
País: Polonia
Director: Pawel Pawlikowski
Guión: Pawel Pawlikowski, Rebecca Lenkiewicz
Música: Kristian Selin Eidnes Andersen
Fotografía: Lukasz Zal, Ryszard Lenczewski (B&W)
Reparto: Agata Kulesza, Agata Trzebuchowska, Joanna Kulig, Dawid Ogrodnik, Jerzy Trela, Adam Szyszkowski, Artur Janusiak, Halina Skoczynska, Mariusz Jakus
Productora: Coproducción Polonia-Italia-Dinamarca; Opus Film / Phoenix Film
Género: Drama | Años 60. Religión. Familia. Nazismo

Sinopsis: 
Polonia, 1960. Anna (Agata Trzebuchowska), una joven novicia huérfana que está a punto de hacerse monja, descubre que tiene un pariente vivo: una hermana de su madre, pero que no quiso hacerse cargo de ella de niña. La madre superiora obliga entonces a Anna a que visite a su tía antes de tomar los hábitos. La joven conoce entonces a Wanda (Agata Kulesza), una jueza desencantada y alcohólica antigua fiscal del estado, que cuenta a su sobrina que su verdadero nombre es Ida Lebenstein, que es judía y que el trágico destino de su familia se remonta a la terrible época de la ocupación nazi. (FILMAFFINITY)

Premios:

2014: Premios Oscar: Mejor película de habla no inglesa. Nominada mejor fotografía
2014: 5 Premios del Cine Europeo, incluyendo mejor película, director y guión
2014: Globos de Oro: Nominada a mejor película de habla no inglesa
2014: Premios BAFTA: Mejor película de habla no inglesa
2014: Premios Goya: Mejor película europea
2014: Premios Guldbagge: Nominada a Mejor película extranjera
2014: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película extranjera
2014: Críticos de Los Angeles: Mejor film extranjero y actriz sec. (Kulesza)
2014: Independent Spirit Awards: Mejor película extranjera
2014: Satellite Awards: Nominada a Mejor película extranjera
2014: Critics Choice Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa
2014: Críticos de Chicago: 4 nominaciones incuyendo Mejor película extranjera
2013: Premios David di Donatello: Nominada a mejor película europea
2013: Festival de Toronto: Premio FIPRESCI (Special Presentations)
2013: Festival de Gijón: Mejor película, actriz (Kulesza), guión, dir. artística
2013: Festival de Londres: Mejor película
2013: Festival de Varsovia: Mejor película




LA BELLEZA EN BLANCO Y NEGRO
IDA

Cualquier ciudad del mundo, aunque sea verano, parece más fría en blanco y negro.
Si la película hubiera llegado a ser en color, la nieve hubiera hecho más contraste contra los edificios y los árboles. Nos hubieran dejado todo el invierno en las pupilas, pero no nos habría calado el agua hasta los huesos. Así parece el viento más helado, dejándonos entrar en la intimidad de Ida, en el refugio de su convento. Nos convence de que el mundo que desconocía, ahora que lo conoce no la convence, y con su poca experiencia y sopesando el futuro, que no el presente, adivina su lugar en la tierra cuando sin saber de la existencia de un familiar que no la reclama, tiene que forzar su encuentro por consejo de la Madre Superiora antes de confirmarse monja.

Con su tía Wanda descubre el pasado trágico de la familia, de sus padres a manos de los nazis, entre las sombras negras de un bosque lúgubre, cerca, muy cerca de lo que un día fuera su casa, una propiedad que sacrifican a cambio de la paz que provoca el olvido.



Junto con su tía Wanda, entierran sus penas sin completar su amistad. Un viaje tragando humo y acompañada de las consecuencias que provoca el vodka, no acaba de persuadirla con ese sentido agresivo de interpretar la libertad; soñando con su particular paraíso, sigue desde la oración hacia sí misma, hacia el espectáculo magnífico que provoca la comunidad en sus brevedades, el mutismo que sólo rompen las cucharas contra los platos mientras sienten el calor en sus estómagos, conservando la seguridad de la Fe en una parte tan amplia de su mente, que ni el frío más intenso podría arrebatarle su rigurosa decisión, a pesar de haber sentido el calor de un cuerpo joven y bello fundiéndose con su piel. Un artista que se alimenta de música y estímulos nocturnos, un hombre que además de placer le provoca un gran desconcierto, unos titubeos sentimentales que acaban pesándole toneladas de indecisiones, y sin recompensa por la vida que describe el amante en la brevedad que dura un cigarro, la balanza se inclina por instinto hacia el afecto espiritual, un amor distinto y lleno de sensaciones. Siente que la pasión terrenal recién descubierta, pueda marchitarse como el humo del cigarrillo de su compañero, o como el alma de su tía, a través de la ventana que lleva al cielo o al infierno, ella no es nadie para adivinar el desconsuelo, pero sabe lo que quiere y hace lo que siente. La vida aunque sea en blanco y negro, vale la pena vivirla cuando sabemos escoger cada paso que damos. Ida presiente que la oferta de vivirla en colores, no llegaría a conquistar el grado de felicidad que ya conoce entre las paredes del convento. En realidad, con su fórmula dedicada a la paz interior,  nunca estará vacía. Desde el alimento de la oración se llena de esperanza, y es exclusivamente eso lo que lleva en la maleta de regreso. Su tía Wanda no acierta exactamente con la fórmula que pudiera convencer a su sobrina para quitarse el hábito, a pesar de  añadirle una pizca de picante y vodka a sus improvisados días grises.

Volver como lo hace Ida en ésta maravilla de blanco y negro,  no simboliza una derrota, ni siquiera un volverlo a intentar, es seguir con más confianza hacia lo que cada ser humano busca, y ella parece haberlo encontrado por la manera de observar sus pasos tan decididos. Plena de confianza y con la fuerza que incitan los dieciocho años, se dirige con nombre propio, por un camino de árboles, hacia su destino, el gran refugio de su soledad.

                                                          
                   



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